Las murallas y la Ciudadela de Pamplona

En época medieval, los distintos Burgos en que entonces se hallaba dividida la ciudad estaban defendidos por sus propios recintos, construidos a base de muros de piedra almenados, con torreones de planta cuadrangular situados de trecho en trecho. Conocemos los nombres y el emplazamiento de algunas de estas torres como la del Molino, la Tesorería o la Tejería en la ciudad de la Navarrería; la de María Delgada, la Torre Redonda y la de San Nicolás, en la población del mismo nombre, y la Torre del Rey, la de San Llorente, la de la Rocha y la de la Galea, en el Burgo de San Cernin. Con posterioridad al año 1423, en que Carlos III el Noble otorgó el privilegio de la Unión, unificando las tres poblaciones en un solo municipio, quedaron terminadas las murallas exteriores, fortificándose en distintos lugares en que estaban abiertas. Paralelamente, se fueron cegando los antiguos fosos de separación interior y construyendo casas apoyadas en los muros que quedaron inútiles militarmente, pero que no se demolerían hasta 1535-40.

Tras la conquista de Pamplona por las huestes del Duque de Alba en julio de 1512, Fernando el Católico mandó erigir un nuevo castillo de planta cuadrangular, con muros en talud terraplenados hacia el interior y recios torreones cilíndricos en las esquinas, preparado ya para el empleo de la artillería. Quedó entonces sin uso otro más pequeño que hizo levantar el rey Luis Hutín entre los años 1308 y 1310, que ocupaba una parte de la actual Plaza del Castillo. En esta segunda fortaleza caería herido en 1521 el gentilhombre Iñigo López de Oñaz, mas tarde conocido como San Ignacio de Loyola, defendiéndola contra las tropas franco-agramontesas mandadas por Asparrós.

 

Puerta de Socorro

Puerta de Socorro. 1926

 

OBRAS EN TIEMPOS DE CARLOS V

Durante el reinado de Carlos V se llevaron a cabo considerables obras de mejora en el recinto, para adaptar las antiguas murallas medievales a las nuevas técnicas de la guerra, especialmente al empleo de la artillería, que revolucionó los sistemas de ataque y defensa de las plazas fuertes. Hacia 1530 se construyeron los nuevos baluartes o bastiones de Labrit, en la antigua torre sobre el molino de Caparroso, y del Redín, en la torre de la Tesorería, que todavía se conservan, y se fortificó el antiguo Palacio de los reyes, desde 1539 ocupado por los virreyes. En la zona del Burgo se erigieron los de Santa Engracia y San Llorente, que fueron demolidos a finales del mismo siglo XVI, y en la parte de la población de San Nicolás, el de la Torredonda, que absorbió en su planta las dos torres del mismo nombre. De este último aparecieron algunos restos y una lápida con su inscripción a raíz de las obras de cimentación del actual auditorio y palacio de congresos, bautizado como Baluarte, nombre a todas luces inadecuado para una dotación cultural. Como complemento de estas mejoras, en 1533 se abrían dos nuevos portales: el de Francia y el de la Rochapea, siendo virrey don Beltrán de la Cueva, Duque de Albuquerque. El Portal de Francia –al que en el sigloXVIII se le añadió una puerta exterior con su puente levadizo- conserva todavía su antiguo arco escarzano con las rozas por las que descendía el rastrillo y sobre él un escudo con las armas imperiales y una pequeña inscripción, en la que se lee:

ANO 1553. DVCE BEL
TRANO ALBURQVE
RQVE PROREGE

Otra inscripción idéntica, con su correspondiente escudo, que antes estuvo en el desaparecido Portal de la Rochapea, derribado en 1914, puede verse hoy en una de las dos airosas torres que flanquean el Portal Nuevo, reconstruído por Víctor Eusa con carácter monumental en 1950, que da entrada a la carretera de Guipúzcoa.

 

ciudadela

Ciudadela. 1944

 

LA CIUDADELA Y LAS NUEVAS MURALLAS DE FELIPE II Y SUS SUCESORES

Durante el reinado de Felipe II tuvo lugar la radical transformación del recinto amurallado de Pamplona, a raíz de la construcción a partir de 1571 de la nueva ciudadela pentagonal proyectada por Giacomo Palearo, llamado el Fratín. El ingeniero se inspiró en la de Amberes, ideada por Paciotto de Urbino, y los cinco baluartes fueron bautizados con los nombres de San Antón, el Real de San Felipe, santa María, Santiago y la Victoria. En su interior contaba con capilla, cuarteles, almacenes, horno, polvorín y otras dependencias que se fueron ampliando o añadiendo en los siglos XVII a XVIII. En la obra de muros se empleó la piedra de la vieja fortaleza de Fernando el Católico, que fué inutilizándose paulatinamente hasta su total desaparición.

La construcción de la Ciudadela en su actual emplazamiento y su conexión con las murallas de la ciudad exigió el trazado de dos nuevos frentes fortificados, que encerraban en su interior el antiguo campo de la Taconera, hasta entonces extramural, incluyendo el actual Paseo de Sarasate y el primer ensanche. La nueva línea defensiva comprendía cuatro nuevos baluartes a la italiana: el de Gonzaga, en el actual mirador de Vista Bella, hoy apenas reconocible; el de la Taconera, que todavía puede verse en los jardines del mismo nombre, frente a las piscinas militares; y los de San Nicolás y de la Reina, que fueron derribados hacia 1920. Se abrieron también cuatro nuevos portales: el de Tejería, en 1640, con los escudos del virrey conde de Oropesa que hoy se pueden ver en la puerta de la Ciudadela que da a la avenida del Ejército; los de la Taconera y San Nicolás, en 1666, y el de la Puerta Nueva, en 1675. De estos tres últimos subsiste, cambiado de emplazamiento, el de San Nicolás, cuya fachada barroca da acceso a los jardines de la Taconera por la parte del Bosquecillo. Al pie del escudo con las armas reales de la Casa de Austria, una lápida con la siguiente inscripción:

REINANDO CARLOSII, GO
BERNANDO LA REINA SV MA
DRE, SIENDO BIRREY Y CAPITAN
GENERAL DESTE REINO Y DE GVIPUZCOA
DON FRco TVTAVILA, DVQUE DE SAN GERMAN. AÑO 1666

Otra inscripción similar –y los correspondientes escudos—se han recuperado el frontis del Portal de la Taconera, desmontado en 1906 y reconstruido en 2002 junto al lugar donde estuvo, entre el Bosquecillo y la pista de patinaje del parque de Antoniutti.

OBRAS EXTERIORES: CONTRAGUARDIAS; REVELLINES Y LUNETAS:

Reinando Carlos II, en 1685, se hicieron los revellines y contraguardias que constituyen las defensas exteriores de la ciudadela hacia la parte de la Vuelta del Castillo. En dos de las contraguardias, la de Santa Isabel y la de Santa Clara, paseando por los fosos, son todavía visibles los escudos de armas del virrey Benavides y sendas inscripciones, en las que se lee:

REINANDO CARLOS II DE
CASTILLA Y V DE NABARRA
VIRREY Y CAPITAL GENERAL DES
TE REINO DON ENRIQVE
BENAVIDES Y BAZAN DEL CON
DE ESTADO. ANO 1685.

En los años siguientes, entre 1685 y 1700, se terminó la construcción de de dichas obras exteriores con las lunetas de Santa Ana, próxima al portal de la Taconera, y de Santa Lucía, en el extremo opuesto, que ha sido reconstruida hace un par de años, coincidiendo con la construcción de la nueva estación de autobuses subterránea, que ha supuesto también la recuperación como zona , ajardinada del glacis comprendido entre los baluartes de San Antón y El Real y la calle Yanguas y Miranda, desde la que se accede a la estación. La de Santa Teresa, que defendí a la puerta principal, la que da a la avenida del Ejército, apareció con buena parte de su estructura, contraescarpa y puente de comunicación, cuando se excavaron los cimientos del Audito-río. Corresponde también a esta época la media luna de Gonzaga, también llamada de San Roque, en los jardines de la Ta-conera, que luce en uno de sus frentes el escudo de armas del virrey Pignatellí, marqués de San Vicente, nombrado en 1699.

SIGUEN LAS OBRAS CON LA CASA DE BORBON. LOS FUERTES Y LOS NUEVOS BALUARTES

Durante el reinado de Felipe V, primer monarca de la casa de Borbón, el recién creado Cuerpo de Ingenieros, que seguía el modelo del que desde hacía años existía en Francia, llevó a cabo importantes obras exteriores, para aumentar la capacidad defensiva de las viejas murallas del sigloXVI, muy superadas ya por la nueva ingeniería militar de la escuela del Marqués de Vaubán.

Hacia 1730 se trabaja en el fuerte de San Bartolomé, muy bien conservado en la actualidad en el inicio de los jardines de la Media Luna, detrás de la Plaza de Toros, y en el del Príncipe, cuyo basamento de piedra puede verse todavía en el edificio del que fuera Colegio Menor “Ruiz de Alda”, en el estadio Larrabide. También en el de San Roque, cerca del actual club deportivo “Larraina”, que tuvo una existencia bastante efímera. Por los mismos años se construyeron también los baluartes bajos de Guadalupe y del Pilar y el revellín de los Reyes, proyectados para mejorar la defensa del antiguo baluarte del Redín, y de los accesos al Portal de Francia, fortificaciones de gran empaque, características de su época, que no se terminarían hasta 1756, reinando ya Fernando VI. Han sido restauradas acertadamente por la Institución Príncipe de Viana en estos últimos años. A lo largo de los siglos XVIII y XIX se elaboraron distintos proyectos, parciales o generales, por parte del Cuerpo de Ingenieros, para la reforma y modernización del recinto amurallado, que en su mayor parte no se llevaron a efecto a causa de su elevado coste. La guerra contra la Convención Francesa; la de la Independencia, en la que Pamplona, ocupada por los franceses, sufrió un largo y penoso bloqueo y estuvo a punto de ser volada por los invasores; el asedio de los Cien Mil Hijos de San Luis, y el nuevo bloqueo puesto por los carlistas en 1874, fueron experiencias más o menos afortunadas, de las cuales se extrajeron las oportunas conclusiones de tipo práctico. La última de ellas puso en tela de juicio la eficacia defensiva de las viejas fortificaciones, iniciándose gestiones a distintos niveles, orientadas a lograr la autorización para su derribo, con vistas al ensanche de la ciudad.

En 1858, los ingenieros Ortiz de Pinedo y Rodriguez Arroquia elaboraron un proyecto de nueva planta, que caso de haberse ejecutado hubiera supuesto la desaparición de las murallas del siglo XVI. A partir de 1878 se inició la construcción del Fuerte de Alfonso XII, en el monte de San Cristóbal, que venía a materializar las nuevas teorías en cuanto a técnicas de fortificación.

ciudadela1972

 

HACIA EL DERRIBO DE LAS MURALLAS

Una Real Orden del año 1888 autorizó el derribo parcial de dos baluartes de la Ciudadela y la inutilización de su foso interior, para posibilitar la construcción del Primer Ensanche de la ciudad. Era el primer paso de un proceso que culminaría uno años después, con la realización de lo que durante mucho tiempo fue el sueño dorado de los pamploneses. En 1905 otra Real Orden autorizó la reforma y demolición parcial de algunos portales del recinto amurallado, con el fin de dar mayor amplitud a los accesos a la ciudad, que resultaban angostos para nuevos carruajes y vehículos automóviles. Ese mismo año se reformó el de la Taconera, desmontando la antigua fachada barroca con sus inscripciones, y el año siguiente, el de San Nicolás, trasladado más tarde a los jardines de la Taconera, y el Portal Nuevo, que fue reducido a una antiestética pasarela de hierro y no se reedificaría en su forma actual hasta 1950. En 1914 se ensanchó el de la Rochapea, junto al corralillo de los toros, quedando en la forma en que podemos contemplarlo. La antigua lápida y el escudo que lo decoraban se ven hoy en unas de las dos torres del Portal Nuevo.

La ansiada autorización para el derribo de las murallas se logró al fin el 7 de Enero de 1915, siendo alcalde de la ciudad don Alfonso de Gaztelu. La primera piedra se derribó, en medio del júbilo popular, el 25 de julio de aquel año, y en 1921 el derribo estaba prácticamente finalizado, Las fortificaciones que entonces desaparecieron para posibilitar el inicio del Segundo Ensanche iban desde la Ciudadela hasta el baluarte de Labrit, aproximadamente por el solar de las actuales calles de García Ximénez, avenida de Roncesvalles y calle Juan de Labrit, en cuyo espacio se levantaban los baluartes de San Nicolás y de la Reina, y los portales de San Nicolás y Tejería. Esta demolición pudo haberse evitado, ya que el Segundo Ensanche se podía haber trazado salvando las murallas y rodeándolas de un cinturón de zonas verdes. Algo similar a lo que más tarde se haría con la Ciudadela, tras su cesión por el Ejército al Ayuntamiento en 1965, que hoy constituye uno de los parques más concurridos de la ciudad, y en cuyos baluartes y murallas se han llevado a cabo costosas y acertadas obras de restauración.

La parte del recinto amurallado que quedó en pie después de 1921 comprende el fuerte de San Bartolomé, baluarte de Labrit, ronda de Barbazán, baluartes del Redín, frentes de Rochapea y Descalzos, mirador y baluarte de la Taconera y fuerte de San Roque.

[Juan José Martinena Ruiz. Artículo publicado en el número 34 –Pamplona, Plaza Fuerte (II)-de la Revista Navarra de Cultura Pregón Siglo XXI]