Antecedentes

El conjunto fortificado de Pamplona. Una década de mejoras.

Desde que Pompeyo implantó en el año 74 a. C. su campamento en torno a la actual Catedral, Pamplona siempre ha tenido el carácter de plaza fuerte, al ocupar una posición que dominaba los pasos a la Península Ibérica a través del Pirineo Occidental hacia Aragón y La Rioja. Los lienzos de muralla que han llegado a nuestros días, construidos entre los siglos XVI y XVIII, representan un perfecto ejemplo de la transición del sistema defensivo medieval a la modernidad renacentista en términos de ingeniería militar e innovación técnica. Destaca la ciudadela de planta pentagonal cuyo diseño encomendó Felipe II al ingeniero Jacobo Palear el Frantín y al Capitán General Vespasiano Gonzaga en 1571. Se trata de la primera de estas características construida en la Península Ibérica.

Al igual que ocurrió en otras ciudades, al conjunto fortificado de Pamplona le llegó su ocaso a finales del siglo XIX debido a la pérdida de su función defensiva y, sobre todo, al gran crecimiento demográfico que exigía una ampliación de la trama urbana. En el año 1889 se inició la demolición de dos baluartes (San Antón y la Victoria) y dos revellines (Santa Teresa y Santa Lucía) de la ciudadela, para permitir la construcción del primer ensanche, y la misma suerte tuvo su frente sur, entre los años 1915 y 1921, para posibilitar la construcción del segundo ensanche. La muralla conservada, más de tres cuartas partes de su perímetro, fue declarada Monumento Nacional (en 1939 el recinto amurallado y en 1973 la ciudadela) constituyendo en la actualidad uno de los conjuntos defensivos abaluartados más interesantes y mejor conservados de Europa.

Desde entonces, su ineficacia para la defensa de la plaza, llevó a que los trabajos de conservación y mantenimiento no fueran prioritarios, algo que condujo al progresivo deterioro de sus lienzos, tanto por acumulación de suciedad y enraizamiento de gran cantidad de vegetación entre sus sillares, como por el expolio de algunos materiales, llegándose a generar serios problemas de estabilidad de algunos lienzos. Este deterioro se hacía extensible a todo el casco antiguo de la ciudad que, como consecuencia de haber tenido que desarrollarse en el interior de las murallas, tenía un importante déficit de habitabilidad e infraestructuras.

 

Revellín de Santa Isabel antes y después de la restauración

Revellín de Santa Isabel antes y después de la restauración

 

Consciente de su valor y su potencial, el Ayuntamiento de Pamplona comenzó a trabajar hace una década en un importante plan de actuación para la conservación y promoción del recinto fortificado y la mejora de su entorno. Un plan diseñado sobre tres ejes principales: el primero de ellos dirigido a realizar las actuaciones específicas de conservación y restauración del monumento; el segundo a llevar a cabo mejoras funcionales del entorno en parámetros como vivienda, dotaciones, espacios públicos y mejoras de movilidad-accesibilidad; y el tercero centrado en la investigación y dinamización del propio recinto amurallado con el objeto de divulgar sus valores históricos y arquitectónicos tanto a ciudadanos de Pamplona como a visitantes.

La muralla de Pamplona, en su día barrera por su función defensiva, es en la actualidad lugar de encuentro y esparcimiento en el que se integra el patrimonio cultural, medioambiental y paisajístico de Pamplona. Un lugar en el que la muralla y el parque fluvial del río Arga mantienen una estrecha relación. En palabras del alcalde de Pamplona, Enrique Maya, “Muralla y medio natural en un mismo ámbito, con unas relaciones entre ellos difíciles de definir. Una muralla en la naturaleza. La naturaleza en la muralla. Esa es la suerte. Esa es la herencia recibida”.

Conservación y restauración del monumento

De forma simultánea al desarrollo del plan de actuación se intensificó la búsqueda de fondos económicos que permitiesen hacer frente a esta importante inversión. En primer lugar, entre los años 2003 y 2008, se acometieron en dos fases las obras de restauración del conjunto denominado Frente de Francia, compuesto por algunos de las estructuras defensivas más singulares de todo el recinto amurallado (baluartes del Redín, de Guadalupe y del Abrevador y revellín de los Reyes).

Las obras de construcción de una nueva estación de autobuses (2005-2007), de las que se dará cuenta más adelante, posibilitaron sacar a la luz los restos del revellín de Santa Lucía de la ciudadela. Una vez restaurado éste, se evidenció el mal estado de los otros tres contiguos, haciéndose palpable la necesidad de una inmediata actuación para frenar su deterioro. La actuación en estas defensas exteriores fue posible gracias a la cofinanciación del Gobierno de Navarra y del 1% cultural del Ministerio de Fomento. A mediados del año 2010 terminaban las obras de restauración del revellín de Santa Clara (con su contraguardia, foso, contraescarpa y camino cubierto); a mediados del año 2011 las del revellín de Santa Ana; y a finales del año 2011 las del revellín de Santa Isabel (con su contraguardia, foso, contraescarpa y camino cubierto) y Puerta de Socorro.

Durante el año 2009 se actuó en el conjunto de la Taconera, donde se restauraron los fosos del propio baluarte de la Taconera, el revellín de San Roque y los restos del antiguo Baluarte de Gonzaga, en el que se urbanizó el paseo de ronda del frente norte de la ciudad, entre la cuesta de La Reina y el Portal Nuevo. También se procedió a la limpieza de este portal que, debido a la polución de la continua circulación de vehículos que lo atraviesa, acumulaba gran cantidad de suciedad. Esta zona y las defensas exteriores de la ciudadela constituían la relación de elementos defensivos en los que más urgente era la intervención.

En todas estas actuaciones los procesos seguidos han sido muy similares: numeración y retirada de aquellos sillares con riesgo de desprendimiento, eliminación de la vegetación existente y aplicación de biocidas, reposición de sillares, limpieza de los lienzos mediante cepillado y rejuntado con cal hidráulica.

Revellín de Santa Ana antes y después de su restauración

Revellín de Santa Ana antes y después de su restauración

Mejoras funcionales

La calidad constructiva y social de los centros históricos que se encuentran en el interior de recintos amurallados, siempre suele estar ligada a la calidad del propio conjunto amurallado. De los diferentes estudios realizados en relación a la problemática del Casco Antiguo de Pamplona se desprende que el deterioro del mismo aumentaba a medida que nos aproximabamos a los límites del recinto amurallado (paseo de ronda). Ello es debido, en gran parte, al efecto de “fondo de saco” generado por su orografía, lo que dificultaba la conexión con el resto de la ciudad y por lo tanto lo convertía en un espacio poco transitado.

Sin embargo, estas zonas son las que cuentan con mayor potencial de cara al turismo y al ocio, tanto por sus valores históricos como por sus características espaciales y privilegiada situación.

Dentro de las políticas de revitalización de ciudades y centros históricos es fundamental actuar con decisión para dotarlas de condiciones funcionales apropiadas a la vez que se preservan los valores culturales que las caracterizan. Para ello se ha trabajado en cuatro líneas principales: movilidad y accesibilidad, espacios públicos, aparcamientos y dotaciones.

Movilidad y accesibilidad

Con el objeto de transformar el borde las murallas en un lugar de paseo, ocio y conectividad, se han priorizado actuaciones encaminadas a las mejoras de movilidad y accesibilidad.

En este momento la totalidad del paseo de ronda, que acompaña a los lienzos de muralla en su parte superior, es transitable y accesible. De esta forma, se ha conseguido un paseo de casi cinco kilómetros de longitud en los que los lienzos de la fortificación sirven de límite al espacio urbano que los acompaña.

En esta línea de actuación, se ha reurbanizado el paseo correspondiente al parque de la Media Luna, ronda de la Barbazana y baluarte del Redín, frente de Francia o de la Rochapea y frente del antiguo baluarte de Gonzaga, consiguiéndose recuperar la continuidad histórica perdida.

También se ha optado por incorporar elementos mecánicos para salvar el desnivel, de aproximadamente 30 metros, existente entre los barrios del norte de la ciudad situados “extramuros” y la ciudad antigua. Así, en 2008 concluyeron las obras de construcción de dos elevadores que, a través de una galería que atraviesa el talud y el lienzo de la muralla, salvan la diferencia de cota existente entre el barrio de la Rochapea y el Casco Antiguo y desembarcan en un edificio dotacional que incorpora un restaurante-mirador y varias salas de exposiciones.

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Ascensor de Descalzos entre Casco Antiguo y Rochapea

 

Esta actuación, junto con otras llevadas a cabo recientemente, han permitido consolidar un eje comercial importante que atraviesa el Casco Antiguo en su dirección norte-sur comunicándolo con otra áreas peatonales del Segundo Ensanche.

Dentro también de las actuaciones para la mejora de la movilidad se construyó en 2010 una pasarela peatonal que permite, a la vez que mejora la continuidad del paseo de ronda, comunicar de forma inmediata y libre de barreras el Segundo Ensanche de la ciudad con el Casco Antiguo.

Otra iniciativa que sigue esa línea de actuación es la construcción en la misma zona de un ascensor urbano que potencia la conexión entre el Casco Antiguo y Segundo Ensanche con el Parque Fluvial del Arga.

Espacios públicos y aparcamientos

Es habitual que los recintos amurallados se correspondan geográficamente con los centros históricos de las ciudades. La necesidad de dar respuesta al desarrollo demográfico en el interior de las murallas obligó al crecimiento en altura de las viviendas dando lugar a una trama muy densa formada por edificaciones de crujía única de gran profundidad y calles muy estrechas. Las intervenciones en los mismos, como es el caso de Pamplona, suelen ir ligadas a labores de peatonalización y reurbanización de sus calles y plazas.

A la vez que se han potenciado una serie de medidas para impulsar la actividad de rehabilitación edificatoria, ha sido necesario recuperar espacios públicos para el vecindario, que sirven para oxigenar la propia trama urbana. Entre estos espacios es posible destacar los resultantes de la urbanización del paseo de Ronda, Plaza de la Virgen de la O, Plaza de San José; Plaza de la Catedral o la recuperación de una superficie verde superior a 30.000 metros cuadrados restituyendo el antiguo glacis de la ciudadela, que se había transformado en aparcamiento en superficie, actuación ligada a la construcción de la nueva estación de autobuses.

La eliminación progresiva del aparcamiento en superficie, como consecuencia de estas labores, obliga a la construcción de nuevas plazas subterráneas en enclaves próximos facilitando, por tanto, el aparcamiento de residentes y visitantes. Se trata de una necesidad que repercute directamente en su poder de atracción. Aparcamientos como los de la Plaza del Castillo o Avenida Carlos III han servido para dar respuesta a esta necesidad y, además, para mejorar el conocimiento histórico de la ciudad como consecuencia de la aparición de restos arqueológicos durante la ejecución de las obras, habiendo quedado alguno de ellos incorporado a las propias infraestructuras.

Dotaciones

Se han realizado actuaciones ambiciosas en lo que afecta a la cualificación de aquellos espacios vacíos que en algún momento soportaron estructuras pertenecientes al recinto amurallado que, con el objeto de permitir la evolución de la ciudad o la construcción de instalaciones militares más modernas, fueron derribadas.

La construcción de la nueva estación de autobuses ha sido un brillante ejercicio de integración de nuevas dotaciones recuperando la estructura formal del propio monumento. En 2005 comenzaron las obras de esta infraestructura que se “esconde” junto al monumento, ocupando el subsuelo de su desaparecido glacis. La cubierta de la estación se convierte en una gran lámina verde que se pliega junto con la estructura para reconstruir los elementos defensivos -glacis, camino cubierto, contraescarpa y foso- del revellín de Santa Lucía de la Ciudadela de Pamplona que años atrás habían desaparecido para posibilitar el desarrollo de la ciudad mediante la construcción del Primer Ensanche.

Construcción de la nueva estación de autobuses

Construcción de la nueva estación de autobuses

 

En este caso, aunque debían ser compatibles, la función y la construcción quedaban al servicio de la forma. Todo ello derivado de la necesidad de reconstrucción literal de la envolvente del monumento.

La restauración de otras edificaciones, algunas ligadas a la propia fortaleza, para convertirlas en dotaciones públicas ha permitido introducir uso con capacidad generadora de actividad en el entorno próximo a la murallas. Entre ellas está la restauración del antiguo Palacio Real como Archivo General de Navarra o el antiguo hospital Militar como sede del Departamento de Educación del Gobierno Foral.

Medidas dinamizadoras

Una ciudad con este potencial tiene y debe estar orgullosa de las murallas en las que lleva escrita su historia y que acabaron definiendo su desarrollo urbano. Es importante darlas a conocer de tal modo que sirvan como elemento de atracción turística y cultural de la ciudad.

A comienzos de 2011 finalizaba la restauración del Fortín de San Bartolomé convertido en Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Pamplona. Se trata de una construcción singular, el último elemento de la fortificación que fue erigido a finales del siglo XVIII, que vuelve a abrir sus puertas como punto de encuentro y acogida para ciudadanos y visitantes. A través de diversos recursos expositivos audiovisuales e interactivos, que ocupan el interior de las casernas o espacios abovedados que en su momento sirvieron para acoger víveres, municiones y tropas, se explica de forma didáctica, participativa y adaptada a las diferentes edades y capacidades, la evolución de las murallas de Pamplona. Esta evolución es, en gran medida, reflejo de la evolución histórica de la ciudad.

Además, desde el punto de vista arquitectónico, se muestra al visitante las técnicas de ataque y defensa, base de la definición geométrica de las fortificaciones abaluartadas y las soluciones constructivas empleadas para ello. Se ofrece también una visión global del momento social, del entorno humano, de la forma de vida de las gentes que las habitaban, de sus tradiciones y cultura. Y en otro de los espacios expositivos se ponen en relación las murallas de Pamplona con otras fortificaciones españolas, europeas y americanas. A partir de este centro es posible disfrutar de un agradable paseo totalmente accesible de más de cinco kilómetros de longitud por el borde de la muralla, donde además de los propios valores del conjunto fortificado, es posible descubrir magníficas vistas de la ciudad.

Actividad veraniega: muralla a la luz de las velas

Actividad veraniega: muralla a la luz de las velas

 

Consideraciones finales

Dentro de las políticas de revitalización de ciudades y centros históricos es fundamental actuar con decisión para dotarlas de condiciones funcionales apropiadas a la vez que se preservan los valores culturales que las caracterizan. Es posible, por tanto, preservar el patrimonio cultural de las ciudades a la vez que se realizan mejoras de infraestructuras y dotaciones que impidan la pérdida de vitalidad de las mismas.

Ha habido muchos debates y planes sobre cómo actuar en recintos amurallados, pero pocas son las ciudades en las que se ha pasado del mundo de las ideas a la realidad. Pamplona es una de ellas, y se ha convertido en un referente tanto por la conservación de su patrimonio como por la integración de nuevos usos junto a sus murallas de forma natural y equilibrada.

Siguiendo el ejemplo de actuación en las fortificaciones de Pamplona, queda demostrado que es posible conseguir que las murallas, que en su momento fueron concebidas con función de límite, pasen a convertirse en un lugar de encuentro y esparcimiento totalmente accesible para todos, en un nexo de unión entre barrios, en una muralla urbana capaz de adaptarse a los nuevos tiempos incorporando nuevas dotaciones.

Este esfuerzo ha sido recientemente reconocido por la Unión Europea al otorgar a Pamplona un doble galardón dentro de la edición 2012 de los Premios de la Unión Europea de Patrimonio Cultural – Premios Europa Nostra: premio en la categoría de conservación y el premio especial del público.

 

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